La amenaza absurda de la violencia (lectura recomendada)

La amenaza absurda de la violencia (5 abril de 1968), discurso de Bobby Kennedy el día después del asesinato de Martin Luther King.

“Demasiado a menudo honramos el pavoneo y la fanfarronería y a los que ejercen la fuerza.  Demasiado a menudo excusamos a los que están depuestos a construir sus propias vidas sobre los sueños rotos de otros seres humanos. Pero esto es mucho más claro: la violencia engendra violencia, la represión engendra represalias, y sólo la purificación de toda nuestra sociedad puede remover esta enfermedad de nuestras almas. Porque cuando enseñas a un hombre a odiar y a temer a su hermano, cuando le enseñas que es un hombre inferior por su color o sus creencias o las políticas que sigue, cuando enseñas que los que difieren contigo amenazan tu libertad o tu trabajo o tu hogar o tu familia, entonces tú también aprendes a enfrentarte a otros, no como ciudadanos, sino como enemigos. A no encontrar cooperación sino conquista. A ser subyugado y dominado.

Aprendemos, por último, a ver a nuestros hermanos como extraños. Hombres extraños con quien compartimos una ciudad, pero no una comunidad. Hombres vinculados con nosotros por vivencias en común, pero no por un esfuerzo común. Aprendemos a compartir sólo un temor común, sólo el deseo común de alejarnos los unos de los otros. Sólo el impulso común de responder al desacuerdo con la fuerza. Nuestras vidas en este planeta son demasiado cortas. La tarea a realizar es demasiado grande para permitir que este espíritu siga prosperando en esta nuestra tierra. Por supuesto, no podemos desterrarlo con un programa ni con una resolución.

Pero quizás podemos recordar, aunque sea por un tiempo, que los que viven con nosotros son nuestros hermanos, que ellos comparten con nosotros el mismo momento breve de vida, que ellos buscan, como nosotros, nada más que la oportunidad de vivir sus vidas con propósito y felicidad, ganando la satisfacción y la realización que puedan. Sin duda, este vínculo de destino común, seguramente este vínculo de metas comunes puede comenzar a enseñarnos algo. Seguramente podemos aprender, por lo menos, a mirar a nuestro alrededor y vernos, a ver a los hombres, y seguramente podemos comenzar a trabajar un poco más duro para vendar las heridas y convertirnos, de todo corazón, en hermanos y compatriotas a la vez.”


 


Comentarios